
El 27 de febrero de 1952, Cuando Ernesto “Che” Guevara no era un mito sino apenas un estudiante de medicina de 23 años que quería recorrer América del Sur en moto, pasó la primera de las que serían tres noches en la sede de los bomberos voluntarios de Los Ángeles, una localidad ubicada 500 kilómetros al sur de Santiago de Chile y 130 kilómetros al sudeste de Concepción. Junto a su amigo Alberto Granado, Guevara llegó a compartir la rutina del cuartel. Es por eso que ante los ojos que ordenan el pasado, escribiría luego en sus “Notas de viaje: diarios de motocicleta”: “No aparece en representación simbólica del pueblo otra cosa que las furiosas llamas de un incendio”. Exactamente 58 años después, en la madrugada de otro 27 de febrero, la ciudad donde hoy viven casi 170.000 sobrevivientes devino ante los ojos la representación simbólica de la desolación.
Como gran parte de la región del Biobío, de la que forma parte, así como en las del Maule y la metropolitana, Los Ángeles se vio sacudida por uno de los cinco sismos (en este caso, un maremoto frente a las costas) más intensos que se registraron en el mundo desde 1900. “Fue horrible: mi casa se movía como un bote”, confía a News-week Gloria Garcés Parra, una estudiante de 20 años.
“Dicen que duró dos minutos, pero a mí me parecieron una eternidad”.Se desplomaron paredes y tiendas; se agrietaron rutas y avenidas; se resquebrajaron puentes; estallaron vidrieras y ventanas. Más al oeste, olas gigantes arrasaban islas y localidades costeras.
También, a partir de ese momento, se empezaron a esparcir como esquirlas los números del espanto. Hasta el martes 2 de marzo se sabía que había muerto en Los Ángeles una docena de personas, según informó Carabineros, pero se temía que la cifra aumentara con el correr de las horas.
Las víctimas fatales confirmadas en todo Chile ya casi alcanzaban las 800, pero los desaparecidos seguían siendo cientos, si no miles.Los damnificados eran más de dos millones. Las pérdidas económicas, estimadas, como mínimo, en US$ 30.000 millones. Y en las calles había 17.000 militares que intentaban hacer frente a los saqueos entre los escombros de Concepción y otras ciudades afectadas. “Esto es peor que una película de Spielberg sobre el fin del mundo”, destacó un joven de Talcahuano.
Tomado de Newsweek.
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